España, como es bien sabido, llegó tarde a China, y hoy sigue teniendo allí una presencia muy modesta, si se compara con la de otros países de nuestro entorno y potencial. Unas seiscientas empresas españolas están ahora radicadas en China, incluido Hong Kong. Entre las más de 600.000 empresas extranjeras, las españolas no llegan al uno por mil. Nuestra exportación a China supone sólo el 0,3% del total de la importación a ese país. Y en cuanto a la inversión, la llegada, a partir de 2005, de nuestras primeras multinacionales —como Telefónica, BBVA o Inditex—, ha supuesto que el total de la inversión española acumulada haya pasado del 0,1 al 0,37% del total de la inversión extranjera en China. Es decir, sólo uno de cada 300 dólares de inversión directa exterior llegados aChina procede de España. Es obvio que ésta no es la presencia que corresponde a la octava economía del mundo en la que dentro de algunas décadas está llamada a ser la primera. Este retraso o desfase, reconocido de modo general, ha recibido diversos calificativos; yo lo llamo «error estratégico».
Es de gran utilidad un libro como el de Lluís Arasanz y Yongtao Gu, que sirve al empresario que se acerca por primera vez a China como carta de navegar que le va a evitar errores, si no naufragios, y pérdidas de tiempo. Es, ante todo, un libro práctico, escrito por buenos conocedores de los procelosos mares de la economía y la sociedad chinas.
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